Muchos en su momento, se empeñaron en negar que la hubiera; otros sin embargo parecían regocijarse en la palabra, pronunciándola una y otra vez como si de un juguete se tratara. Pero cuando ya la estamos sufriendo, unos y otros parecen no saber realmente la magnitud de tal hecho.
En sus altas esferas la llamada “crisis” ni les suena, ellos nada más hablan de números, de presupuestos, de propuestas, de enmiendas, se critican entre sí. Mientras el verdadero problema lo vivimos los ciudadanos de a pie; los que tenemos que agudizar el ingenio para poder llegar a fin de mes, para los que pierden sus puestos de trabajo y no saben cómo llegaran al día siguiente con una familia que alimentar, para los que trabajan día y noche para poder conseguir un sueldo que les permita satisfacer las necesidades. Y es triste que en pleno Siglo XXI se hable de satisfacer necesidades y no deseos, pero bueno de eso ya se encargan los de las “altas esferas”. Eso sí, cuando hay que protestar o manifestarse ahí están ellos, pero no para solucionar el problema, eso ya se hará sólo, sino para intentar minar la mente de la población en contra del que tenga el poder para poder asumirlo ellos, y de nuevo, vuelta a empezar. Porque si algo hay claro en esta vida, es que todos son buenos hasta que llegan arriba, entonces ahí, en ese lugar sufren una transformación que les hace perder la memoria, y no recuerda ni los ideales ni las propuestas que les hicieron llegar hasta allí.
Y mientras tanto, como siempre seremos los mismos, los que intentemos hacer malabarismos para cruzar la cuerda floja de la crisis, para intentar superarla y llegar al otro extremo sin caer en el intento.
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